Cuando un fotógrafo nos llama para auditar el cuadro de su nuevo plató, casi siempre arrastra la misma historia: contrató a un electricista generalista, le pidió «potencia normal de local», y al tercer book con dos generadores y cuatro paneles LED saltó el magnetotérmico justo antes del cierre. Lo curioso es que el problema rara vez está en la potencia contratada. Está en cómo se reparte, dónde se enchufa y qué tipo de protección filtra cada circuito.
Llevo nueve años auditando salas de luz, platós de moda y estudios de producto, y he aprendido que las instalaciones eléctricas para estudios fotográficos se parecen más a las de un quirófano pequeño que a las de una oficina. No por el riesgo vital, sino por la sensibilidad del equipo y por el patrón irregular de consumos. Aquí te cuento cómo lo planteamos en nuestro equipo cuando diseñamos el suministro de un espacio así.
Por qué un estudio no es un local comercial cualquiera
Un plató fotográfico profesional es una instalación eléctrica atípica donde conviven tres familias de carga muy distintas: pulsadas (flashes que demandan picos instantáneos durante la recarga), continuas (paneles LED de alta potencia y climatización sostenida) y sensibles (cámaras en tethering, monitores calibrados y servidores). Dimensionar como oficina o comercio es la fuente número uno de magnetotérmicos saltando en plena sesión.
Un comercio convencional consume de forma predecible: iluminación general, climatización, alguna caja registradora y poco más. La curva de carga es plana y aburrida, justo como les gusta a los proyectistas.
¿Qué pasa en un set fotográfico? La curva se vuelve esquizofrénica. Tienes consumos sostenidos (el aire acondicionado, los paneles LED de modelado, el ordenador de tethering) conviviendo con picos brutales y muy cortos cada vez que un generador de flash se recarga. Un Profoto Pro-11 puede pedirle a la red, durante el instante de recarga, hasta diez veces su consumo nominal. Si esa demanda comparte línea con una estación gráfica de retoque, el equipo sensible nota el bajón de tensión y empieza a hacer cosas raras.
La cosa es que, además, el espacio tiene una particularidad que muchos pasan por alto: la pública concurrencia. Si tu plató recibe clientes, modelos, equipos externos o se alquila por horas, entra en el saco de la ITC-BT-28. Eso cambia las protecciones exigibles, la señalización y los requisitos del alumbrado de emergencia. No es opcional.
Tabla rápida de cargas típicas en un set profesional
| Familia de carga | Consumo medio | Pico de demanda | Sensibilidad a ruido |
|---|---|---|---|
| Generador flash 2.400 W·s | 200-400 W | Hasta 10-15x durante recarga | Baja |
| Panel LED continuo COB 300 W | 300-330 W sostenidos | Sin picos relevantes | Alta (flicker) |
| Estación tethering + monitor calibrado | 250-450 W | Bajos | Muy alta |
| Climatización split inverter | 800-2.500 W | Pico arranque compresor | Media (emisora de ruido) |
El error de dimensionar la acometida pensando solo en iluminación continua
Aquí viene el clásico. El proyectista suma vatios de paneles LED, multiplica por un coeficiente de simultaneidad razonable, añade climatización y oficina, y entrega un cálculo de potencia que parece impecable. Sobre el papel.
El problema es que ese cálculo ignora la naturaleza pulsada del flash de estudio. Un generador de 2.400 W·s no consume 2.400 vatios continuos: consume picos cortos pero exigentes durante la recarga del condensador. (Y si tienes dos generadores disparando casi a la vez, porque el fotógrafo está haciendo ráfagas, el pico se duplica.) Resultado: la acometida está bien dimensionada en media, pero la red interna sufre caídas de tensión que afectan a todo lo demás.
Nuestra regla práctica, después de medir consumos reales en sets de muy distinto tamaño, es bastante clara: sobredimensionar entre un 30% y un 40% sobre el cálculo teórico. Y no por capricho. La diferencia entre trabajar tranquilo o estar parando cada veinte minutos para resetear el cuadro la marca esa holgura.
Un caso concreto que nos dolió aprender
Hace dos años auditamos un plató en Madrid de 180 m². La ingeniería previa había calculado 9,2 kW contratados. Sobre el papel sobraba: LED moderno, oficina pequeña, climatización razonable. Lo que nadie había puesto en la hoja de cálculo era que el fotógrafo trabajaba con tres generadores Broncolor en paralelo para algunas producciones de moda. Acabamos rehaciendo la acometida y subiendo a 14 kW trifásicos. Coste extra: el equivalente a tres días de alquiler del propio plató.
Cómo se reparten realmente las cargas en un set profesional
Voy al grano. Una distribución sensata, la que aplicamos en proyecto nuevo o cuando rehabilitamos un local existente, separa las cargas en tres familias que jamás deben compartir circuito:
Picos de flashes de potencia y generadores
Los generadores y los packs de flash van en circuito propio, con tomas Schuko de 16 A reforzadas o, mejor, CETAC industrial cuando son equipos de gran potencia. Cable de 2,5 mm² como mínimo, magnetotérmico curva C de 16 A, y, esto es importante, diferencial superinmunizado para que el pico de recarga no lo dispare por nervios.
¿Cuántas tomas por circuito? Nosotros calculamos un máximo de tres puntos de flash potente por línea. Más allá empiezas a comerte el margen y, el día que coincidan dos recargas simultáneas, salta. Lo hemos visto muchas veces.
LED de luz continua y consumo sostenido
Aquí cambia la lógica. Los paneles LED modernos (un Aputure 600 o un Nanlite Forza) consumen entre 200 y 720 W de forma sostenida. No hay picos, pero hay permanencia. Y, sobre todo, hay sensibilidad al flicker: si la red les llega con caídas de tensión o ruido, el panel parpadea en la grabación de vídeo aunque tu ojo no lo perciba.
Mi recomendación: circuito dedicado para iluminación continua, con cable de 2,5 mm² si la potencia agregada no supera los 3.500 W, y subir a 4 mm² si vas a montar más. Tomas Schuko convencionales pero ubicadas estratégicamente (de eso hablamos más abajo).
Postproducción, climatización y servidores
Estaciones gráficas, monitores calibrados, NAS, cámaras de tethering por USB-C: todo esto es carga sensible. No tolera picos, no tolera caídas, y necesita una tierra impecable. Aquí no escatimamos: circuito independiente, diferencial tipo A o F (no AC, que se queda corto con cargas electrónicas), y detrás un SAI online de doble conversión para el material crítico.
La climatización va siempre aparte. Siempre. Un split inverter arrancando puede meter ruido eléctrico suficiente para corromper una transferencia de archivos por tethering durante el disparo.

Circuitos independientes: la diferencia entre disparar magnetotérmicos o trabajar
¿Por qué insistimos tanto en separar? Por una razón muy práctica: cuando todo cuelga del mismo cable, el día que falla algo se cae todo.
Un cuadro bien planteado para un plató medio (120-200 m²) debería tener, mínimo, seis circuitos diferenciados: uno para los puntos de flash potente, otro para la luz continua del set, uno para tethering y postproducción protegidos con SAI, uno para climatización, otro para iluminación ambiental del local y el último para servicios generales (oficina, cocina si la hay, baños). En platós grandes subimos a ocho o nueve, con redundancia en las líneas críticas.
¿Por qué saltan los plomos cuando disparo flashes?
La causa es casi siempre la misma: el circuito del flash comparte línea con otra carga (LED, climatización, oficina) y el pico de recarga del condensador supera momentáneamente el calibre del magnetotérmico. Solución: línea propia para flashes, diferencial superinmunizado y, si hay varios generadores, repartirlos en circuitos distintos. No es el flash el «culpable», es la falta de separación.
La inversión adicional respecto a un cuadro convencional es modesta, en torno a 400-600 € más en material, pero la diferencia operativa es enorme. Vamos, que el día que se cae un circuito por una sobrecarga, el resto del estudio sigue trabajando mientras solucionas el problema concreto. No hay nada peor que tener al cliente esperando porque has tenido que cortar la luz entera.
Tomas en techo, suelo técnico y paredes: dónde colocar cada una
Vamos con la parte que más diferencia un set bien diseñado de uno improvisado. La distribución física de los puntos de alimentación.
En las paredes ponemos tomas convencionales a media altura (110-120 cm del suelo, no a 30 como en una vivienda) y a poca distancia entre sí, una por cada metro y medio aproximadamente. ¿Por qué tan altas? Porque a 30 cm se quedan ocultas detrás de fondos, ciclorama y stands rodantes, y acabas tirando alargadores que son una pesadilla operativa y eléctrica.
El techo es zona crítica. Aquí van los puntos de alimentación para los rieles de flash colgados, los brazos jirafa eléctricos y la iluminación cenital. Recomendamos cajetines empotrados cada 2 metros en cuadrícula, alimentados desde el circuito de flashes, con desconexión rápida tipo CEE. Y siempre con sujeción mecánica independiente del cable: el cable no aguanta tirones.
El suelo técnico, cuando lo hay, es donde marcamos la diferencia. Pavimento registrable con cajetines tipo «torreta» que suben cuando los necesitas y desaparecen cuando no. Cada cajetín lleva tomas de fuerza más tomas de datos (RJ45 para tethering por ethernet, mucho más estable que el USB largo). Si tu presupuesto no llega al suelo técnico completo, al menos contempla canalización perimetral en U invertida en el zócalo: te ahorrará años de alargadores cruzando el set.
Puesta a tierra, diferenciales y por qué importan para el color de la luz
Esta sección es la que sorprende a todo el mundo. Una mala puesta a tierra no solo es un problema de seguridad. Es un problema de color.
Te explico. Los drivers electrónicos de los paneles LED modernos generan armónicos, frecuencias parásitas, que se evacúan parcialmente por la tierra de protección. Si la resistencia de tierra es alta (por encima de los umbrales habituales exigidos por el REBT para el calibre del diferencial empleado), esos armónicos se quedan rebotando por la instalación y producen dos efectos medibles: flicker (parpadeo invisible al ojo humano pero capturable por la cámara a obturaciones altas) y desviaciones de temperatura de color que arruinan la consistencia entre tomas.
Lo descubrimos auditando un estudio de gastronomía en 2022. El fotógrafo se quejaba de que sus LED Aputure marcaban 5.600 K en el setup y, al revisar en pantalla, aparecían tomas con 5.300 K y otras con 5.700 K sin haber tocado nada. Medimos la resistencia de tierra: 64 Ω. Hicimos pica nueva, bajamos a 18 Ω, y el problema se evaporó. La instalación previa era «legal» pero rozaba el límite y los armónicos hacían fiesta.
La recomendación firme: tierra dedicada al estudio, pica o piquetes en paralelo, resistencia objetivo por debajo de 20 Ω, y verificación con medidor de tierra cada dos años. Es barato y evita problemas que no atribuirías nunca a la electricidad.
En cuanto a diferenciales, en zonas de equipo sensible montamos siempre tipo F superinmunizado de 30 mA. El tipo A clásico es suficiente legalmente, pero el F filtra mejor las corrientes de fuga generadas por los drivers conmutados y evita los disparos por nervios que enloquecen al fotógrafo. Para más profundidad en el diseño global de este tipo de instalaciones eléctricas en entornos profesionales, conviene plantear el proyecto desde el primer plano del local.
Estabilización, SAI y filtrado: proteger cámaras tethering y equipos sensibles
Si alguna vez has perdido tres horas de book porque un microcorte tumbó el ordenador de tethering en pleno disparo, ya sabes por qué este apartado importa tanto.
Nuestra arquitectura estándar para la zona crítica tiene tres capas. Primera: estabilizador o regulador de tensión en cabecera del cuadro, que corrige las variaciones de ±10% que llegan de la compañía. Segunda: SAI online de doble conversión, ojo, online, no interactivo, para las estaciones de retoque, el equipo de tethering y los servidores. Da entre 10 y 30 minutos de autonomía, suficiente para cerrar archivos y guardar trabajo. Tercera: filtros de armónicos en las líneas de LED, para que el ruido que generan no se propague al resto.
¿Es caro? Razonablemente. Un SAI online decente para una estación de retoque ronda los 600-900 €. ¿Compensa? Pregúntale al fotógrafo que perdió la sesión de portada de la revista por un parpadeo de la compañía. Total, que es un seguro barato.
Normativa REBT, baja tensión en pública concurrencia y boletín eléctrico
Cerramos con la parte menos glamurosa pero imprescindible. El Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT, Real Decreto 842/2002) y sus instrucciones complementarias son el marco legal que aplica a cualquier instalación de este tipo en España.
Si el estudio recibe público (clientes, modelos, equipos externos contratados, alquileres por horas) le aplica la ITC-BT-28 de locales de pública concurrencia. Esto significa, entre otras cosas: alumbrado de emergencia obligatorio dimensionado por superficie y rutas de evacuación, doble alimentación si se supera cierta superficie, y obligación de proyecto técnico firmado por ingeniero (no basta una memoria técnica de diseño) cuando la potencia instalada supera los 20 kW o la superficie los 100 m².
El boletín eléctrico (Certificado de Instalación Eléctrica, CIE) lo emite un instalador autorizado al terminar la obra y se registra en la Conselleria o Consejería de Industria correspondiente. Sin él, no hay alta de suministro nuevo ni modificación legal. Y, atención: si haces una reforma sustancial (ampliación de potencia, cambio de uso, modificación del cuadro) necesitas boletín nuevo, no vale el antiguo. Lo hemos visto fallar muchas veces en compraventas de platós usados.
Una recomendación final que damos siempre: encarga el proyecto eléctrico antes de la obra civil, no después. Cambiar canalizaciones empotradas porque te diste cuenta tarde de que faltaban puntos cuesta tres veces más que diseñarlo bien de inicio. Y en un estudio, donde la flexibilidad operativa lo es todo, el coste de equivocarse es siempre operativo además de económico.

Lo que nos llevamos de todo esto
Diseñar la electricidad de un plató no es complicado si entiendes que la mezcla de cargas pulsadas, continuas y sensibles necesita separación física, sobredimensionado razonable y una puesta a tierra mejor de la que pediría la norma estricta. Lo difícil es convencer al promotor de que esa partida no es opcional ni recortable.
Si vas a montar un estudio nuevo, o reformar uno existente, plantéate el cuadro como plantearías el diseño de la luz: pensando en los peores casos, no en los normales. El día que coincidan dos generadores recargando, el split arrancando y el cliente entrando por la puerta, te alegrarás de haberlo hecho bien.

