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Instalaciones eléctricas para galerías de arte: el sistema

Instalaciones eléctricas para galerías de arte: el sistema

Hace algo más de cinco años, en nuestro equipo nos llamaron para reformar el cuadro general de un espacio expositivo recién inaugurado en el casco antiguo de Salamanca. La directora nos enseñó una serie en papel japonés que se había velado en tres semanas, y nos preguntó si era posible que la causa fuera la iluminación. Tenía razón a medias: el problema no era solo el espectro de los focos, era que todo el circuito de la sala estaba compartido con la cafetería y los picos de tensión cada vez que arrancaba el termo del café estaban castigando los reguladores. Esa visita cambió nuestra forma de plantear las instalaciones eléctricas para galerías de arte.

Conviene aclararlo desde el principio: cablear un espacio expositivo no se parece a cablear una tienda, ni siquiera a cablear una oficina diáfana. Hay una obra que proteger, un recorrido que iluminar y un calendario de montajes que obliga a pensar la red eléctrica como un sistema flexible, no como una entrega cerrada. En esta guía desglosamos el sistema en cuatro componentes y un proceso de integración, porque así es como lo planteamos nosotros cuando entramos en un proyecto nuevo.

Fundamentos del diseño eléctrico en espacios expositivos

El diseño eléctrico de una galería de arte combina la flexibilidad de un montaje ferial con la exigencia conservacionista de un museo: circuitos independientes para iluminación museográfica, protección reforzada para obra sensible, previsión de carga para audiovisuales y continuidad eléctrica para climatización. Es un sistema, no una suma de luminarias.

Antes de hablar de circuitos, conviene entender la lógica del edificio. Un espacio expositivo tiene una particularidad que casi ningún otro uso comparte: la rotación. La obra cambia cada pocas semanas, y con ella cambia el plano de luminarias, la posición de las tomas y la previsión de carga. Si diseñas el cuadro pensando solo en la exposición inaugural, en seis meses estás picando paredes para añadir una línea más.

Por qué una galería no se cablea como un local comercial

En un local comercial el problema es vender producto: necesitas mucha luz uniforme, climatización potente y poca complicación en el control. En una sala de arte el problema es exactamente el contrario. La luz debe ser dirigida, controlable por escenas y con un índice de reproducción cromática alto (idealmente CRI ≥ 90, y para obra delicada en torno a 95). El alumbrado general apenas se usa, salvo para limpieza y montaje.

Hay otra diferencia incómoda. Un comercio tolera un parpadeo en la línea, una caída momentánea de tensión o que un diferencial salte en hora baja. En una sala con pieza audiovisual proyectándose, ese mismo corte interrumpe la obra, y si la pieza es una instalación con secuencia programada, recuperarla puede llevar veinte minutos de reinicio y sincronización. Por eso planteamos siempre selectividad fina y redundancia en los circuitos sensibles, algo que en un retail no tendría justificación económica.

¿Y la potencia contratada? Aquí los números engañan. Una sala con cien metros cuadrados y treinta focos LED puede tener una demanda real ridícula, pero cuando llega una instalación con cuatro proyectores 4K, dos amplificadores y una bomba para una pieza con agua, la curva de consumo se dispara. Nuestro criterio interno es prever al menos un 40% de margen sobre la potencia nominal del proyecto museográfico inicial. Sobra a corto plazo. A medio plazo, evita reformas.

Variables que condicionan el proyecto: obra, recorrido y rotación

Cuando entramos en un proyecto nuevo, lo primero que pedimos no son los planos antiguos, sino el guion museográfico previsto y el listado de exposiciones tipo que la dirección artística tiene en mente. Necesitamos saber si va a haber escultura metálica grande (cambia la puesta a tierra), si habrá obra sobre soporte fotosensible (cambia el espectro y los reguladores), si se prevén piezas con vídeo o sonido (cambia la previsión de carga y la acústica eléctrica) y, sobre todo, cada cuánto se rota.

Una galería que cambia exposición cuatro veces al año necesita un cuadro flexible y carril electrificado generoso. Un museo de colección permanente puede permitirse circuitos más rígidos, pero a cambio exige mucha más fiabilidad y un SAI dimensionado para la conservación. No es el mismo proyecto, aunque el plano de planta sea idéntico.

Componente 1: circuitos independientes para iluminación museográfica

Este es el componente más visible del sistema y, paradójicamente, el que más se confunde en proyectos mal planteados. La regla básica que aplicamos: el alumbrado general y el alumbrado de obra nunca comparten línea, ni cuadro secundario, ni regulador.

Separación entre alumbrado general y alumbrado de obra

El alumbrado general cubre los recorridos, las zonas de tránsito, los almacenes y las áreas de servicio. Es luz de trabajo, normalmente más fría (4000K), encendida durante las tareas de limpieza, montaje y desmontaje. Va por circuitos convencionales, con su diferencial y su magnetotérmico, sin más.

El alumbrado de obra es otra cosa. Son los proyectores sobre carril, los bañadores de pared, los focos puntuales, las cajas de luz integradas en peanas. Aquí necesitamos circuitos independientes por sala (o por agrupación de salas con una misma escena), regulación 0-100%, driver compatible con la electrónica del foco y, en proyectos serios, control DALI. La razón es práctica: si el técnico de montaje quiere reorientar un foco y desenergiza el carril de la sala A, las salas B y C deben seguir funcionando.

Nosotros solemos plantear un mínimo de un circuito de obra por cada 20-25 m² de sala, ampliando a uno por cada 15 m² cuando se prevé escenografía compleja. Es generoso, lo sabemos. Pero la alternativa es repartir tres focos exigentes en un circuito que ya iba al límite, con el riesgo de armónicos y caídas de tensión en cabecera de carril.

Reguladores DALI y control por escenas

El protocolo DALI (Digital Addressable Lighting Interface) lleva con nosotros más de dos décadas y, sinceramente, sigue siendo lo más sensato para una sala expositiva. Permite direccionar cada luminaria individualmente, agruparlas en escenas y reprogramarlas desde un panel sin tocar el cableado. Cuando la exposición cambia, la electricidad acompaña.

El control por escenas no es un capricho. Una escena de inauguración (acto, gente, atril) no se ilumina igual que la escena de visita habitual, ni que la escena de visita guiada, ni que la escena de mantenimiento. Cuatro escenas básicas suelen bastar; las más sofisticadas que hemos diseñado llegaban a doce, con transiciones temporizadas para cierre de sala. Cuanto más arte audiovisual entra en el proyecto, más sentido cobra esta capa de control.

Un detalle técnico que descubrimos por las malas hace años: no todos los drivers DALI son iguales. Hay drivers que regulan desde el 1% sin parpadeo (los buenos) y drivers que por debajo del 10% generan un flicker sutil pero perceptible en obra fotográfica con superficie brillante. Verificamos siempre con un colorímetro y, sí, alguna vez hemos tenido que devolver lote completo de drivers a un fabricante.

Cuadro eléctrico con diferenciales superinmunizados y magnetotérmicos correctamente etiquetados

Componente 2: protección de la obra frente al riesgo eléctrico

Aquí entra la parte que muchos proyectos olvidan. Una galería no protege solo a personas (eso es obligación legal). Protege también a la obra. Y la obra puede dañarse por causas eléctricas indirectas: una sobretensión transitoria que fría una pantalla con vídeo único e irreemplazable, una derivación que cargue una escultura metálica, un fallo en el SAI que apague la climatización en una sala con papel del XVIII.

Diferenciales superinmunizados y selectividad

El diferencial clásico (tipo AC) detecta fugas a tierra con corrientes alternas senoidales puras. Bien. Pero los drivers LED, los variadores DALI y los equipos audiovisuales generan corrientes con componentes continuas y pulsantes. ¿Resultado? El diferencial tipo AC, en una sala bien equipada, salta sin motivo real o, peor, no salta cuando debe.

Por eso en proyectos expositivos planteamos siempre diferenciales tipo A superinmunizados como mínimo, y tipo B cuando hay variadores potentes o instalaciones con elementos cinéticos. Cuestan más. Tampoco demasiado: la diferencia frente a un tipo AC convencional ronda el coste de un par de focos buenos. A cambio, evitas que media exposición se quede a oscuras durante un acto inaugural porque alguien encendió un microondas en el office.

La selectividad merece párrafo aparte. Selectividad significa que si hay un fallo en la sala 3, salta el diferencial de la sala 3, no el general del edificio. Suena obvio. En la práctica exige cálculo: tiempos de disparo escalonados, sensibilidades coordinadas (30 mA en líneas finales, 300 mA selectivo en cabecera), y un esquema de cuadro que respete la jerarquía. Es trabajo de proyectista, no de electricista de obra.

Puesta a tierra equipotencial en salas con piezas metálicas

Cuando la sala alberga escultura metálica de gran formato (acero corten, bronce, hierro forjado), trabajamos con un planteamiento de equipotencialidad. La obra no se conecta directamente a tierra (sería un disparate museográfico colocar pinzas verdes y amarillas en una escultura de Chillida), pero el suelo técnico, las peanas metálicas y los soportes estructurales sí van puenteados al sistema general de tierras del edificio.

¿Por qué? Porque ante una derivación accidental (un cable que roza una estructura metálica oculta, una humedad que crea un camino conductivo), queremos que la corriente encuentre un camino seguro a tierra sin atravesar al visitante que toca involuntariamente la peana. Y porque sin equipotencialidad, las diferencias de potencial entre elementos metálicos cercanos pueden generar corrosión galvánica lenta en piezas mixtas. Daño invisible durante años. Cuando se detecta, ya hay restauración.

Total, que aquí no hay atajo: medimos resistencia de tierra (objetivo por debajo de 10 Ω, idealmente bajo 5 Ω), comprobamos continuidad en todos los elementos conductores accesibles y documentamos. Si la finca es antigua y la tierra está mal, picamos pica nueva. No es opcional.

Componente 3: previsión de carga para audiovisuales y obra dinámica

El tercer componente es el que más infraestimamos al principio de nuestra carrera. La obra contemporánea ya no es solo cuadro y escultura: hay vídeo, hay sonido, hay piezas cinéticas, hay instalaciones con sensores, hay realidad aumentada. Cada una de esas piezas trae detrás un consumo eléctrico que el proyecto inicial casi nunca contempla.

Tomas ocultas en techos y suelos técnicos

Las tomas de corriente vistas en una pared blanca son un sacrilegio museográfico. Las tomas accesibles, pero ocultas, son una bendición operativa. Nuestra solución estándar combina dos estrategias.

En techo: tomas integradas en el carril electrificado o cajas registrables tras placas de yeso laminado, con apertura por imán. Las usamos para alimentar proyectores colgados, sensores de movimiento, sistemas de sonido direccional. Una toma cada 4 metros lineales de carril es buen punto de partida.

En suelo: tomas tipo floor box registrables, distribuidas en una retícula de 3×3 o 4×4 metros bajo el suelo técnico. Para una instalación que requiera alimentación en mitad de la sala (un proyector apuntando al techo, una peana con luz interior, una pieza interactiva), tener tomas a menos de dos metros del punto deseado evita cables vistos cruzando el recorrido del visitante.

¿Cuántas tomas son suficientes? Honestamente, siempre se quedan cortas. Nuestra regla: el doble de las que parecen razonables en el proyecto inicial. Cuesta poco poner tomas de más cuando el suelo está abierto. Cuesta mucho añadirlas después.

Sobredimensionado del cuadro para instalaciones temporales

El cuadro general debe nacer con margen. No solo en intensidad nominal, también en espacio físico para añadir módulos en el futuro. En proyectos serios trabajamos con cuadros que tienen entre el 30% y el 40% del raíl libre tras la entrega. Sí, parece desperdiciar dinero. Pero la primera vez que una exposición temporal requiere alimentación trifásica para un equipo audiovisual prestado por otra institución y no puedes meterla en el cuadro existente, recuerdas con cariño esa decisión.

Una previsión razonable para una sala de tamaño medio (unos 150-200 m²) es contratar trifásica con potencia disponible por encima de los 15 kW, aunque el consumo real ronde los 4-5 kW. La diferencia entre lo contratado y lo consumido se paga en el término de potencia, no en el de energía, y es relativamente asumible. La diferencia entre tener trifásica disponible o no tenerla, cuando llega un montaje complejo, es la diferencia entre montar la exposición o cancelarla.

Componente 4: emergencia, evacuación y conservación preventiva

Este componente cubre dos cosas distintas que conviene no mezclar: la seguridad de las personas (emergencia y evacuación, reguladas por normativa) y la seguridad de la obra (conservación preventiva, regulada por criterio profesional). Ambas dependen del sistema eléctrico.

Alumbrado de emergencia sin daño cromático

El alumbrado de emergencia es obligatorio en cualquier local de uso público (lo dice el REBT y lo recuerda el CTE-DB-SUA). Pero el alumbrado de emergencia convencional, ese rectangular con leds blanquísimos y fríos, es un desastre estético para una sala con obra. Y lo que es peor: emite en una banda azul concentrada que, durante las horas que está encendido cada noche para pruebas, puede agredir pigmentos sensibles a corto plazo.

Solución: alumbrado de emergencia con LED cálido (2700-3000K), con luminarias integradas en el diseño museográfico, con autotest programado en horario sin visita. Lo hemos resuelto con luminarias empotradas en rodapié, con cintas LED ocultas tras junta dilatación, con balizas en peldaño cuando hay desnivel. El coste por luminaria es algo mayor que el modelo estándar de tienda; el resultado, infinitamente más coherente con el espacio.

SAI para climatización y conservación de obra sensible

Aquí entra el sistema de alimentación ininterrumpida, el SAI. Cuando hay obra delicada en la sala (papel, pergamino, fotografía antigua, pintura sobre tabla con historia de movimientos), la climatización no puede pararse. Una bajada brusca de la humedad relativa porque el aire acondicionado se ha apagado durante un corte eléctrico de cuarenta minutos puede provocar microfisuras en tabla y cambios dimensionales en papel que no se recuperan.

El SAI no alimenta la climatización completa (no es razonable, las potencias son enormes), pero sí alimenta el sistema de control y el ventilador de recirculación. Eso mantiene la inercia térmica e higrométrica durante un corte de hasta dos horas, tiempo suficiente para que arranque un grupo electrógeno si la sede lo tiene, o para que el corte se resuelva sin daño. Para obra sensible que viaje en préstamo internacional, este detalle es a veces requisito contractual de la institución prestadora.

Integración del sistema: del cuadro general al carril electrificado

Los cuatro componentes anteriores son piezas. Lo que las convierte en sistema es la integración: que el cuadro general dialogue con los cuadros secundarios de cada sala, que el control DALI converse con el sistema de gestión del edificio, que el SAI se coordine con la climatización y que el alumbrado de emergencia respete el lenguaje museográfico. Esa integración no se improvisa en obra; se diseña antes.

Coordinación con el proyecto museográfico

Nuestro flujo de trabajo arranca siempre con una reunión a tres bandas: nosotros como proyectistas eléctricos, el arquitecto o museógrafo responsable del diseño espacial y el conservador o responsable artístico. Los tres saberes son imprescindibles. El museógrafo decide dónde van las paredes móviles. El conservador define los parámetros de luz aceptable para cada tipo de obra. Nosotros traducimos ambas exigencias a circuitos, drivers y cuadros.

Un error que vimos repetido en dos proyectos consecutivos al principio: contratar la instalación eléctrica después de cerrar el proyecto museográfico, en lugar de en paralelo. Cuando el ingeniero llega al final, las paredes ya están definidas, los pasos de techo ya están limitados y meter un nuevo trazado obliga a romper acabados. Si entras en fase de proyecto, no en fase de obra, el ahorro y la calidad técnica son evidentes.

También coordinamos con el responsable de mantenimiento futuro. Etiquetado claro del cuadro, esquema unifilar actualizado, código de colores en las regletas, identificación física de cada luminaria respecto a su dirección DALI. Sin esa documentación, dentro de dos años nadie recuerda qué circuito alimenta qué foco y reorganizar una sala se convierte en arqueología.

Esquema unifilar y plano de instalación eléctrica sobre mesa de proyecto

Aplicación práctica: del proyecto al certificado de instalación

Hasta aquí, planteamiento técnico. Pasemos ahora al recorrido administrativo, que en España tiene reglas claras pero exige rigor documental.

Documentación, REBT y boletín eléctrico para uso público

Una galería abierta al público entra dentro de los locales de pública concurrencia (ITC-BT-28 del REBT). Eso implica memoria técnica de diseño cuando la potencia es baja, o proyecto firmado por técnico competente cuando se superan los umbrales que marca la normativa (habitualmente 100 kW, pero conviene verificar el caso concreto, porque hay condiciones específicas para locales de pública concurrencia). Verifica siempre el umbral vigente con tu ingeniero, porque las cifras se actualizan periódicamente.

El boletín eléctrico (CIE, certificado de instalación eléctrica) lo emite el instalador habilitado tras ejecutar la obra. Sin ese documento, no hay alta de suministro con la compañía distribuidora ni licencia de apertura. La inspección inicial por un OCA (Organismo de Control Autorizado) es preceptiva en locales de pública concurrencia y debe repetirse cada cierto tiempo (en torno a cinco años, dependiendo de potencia y tipo de local).

Documentación mínima que recomendamos archivar y entregar a la propiedad:

  • Proyecto o memoria técnica de diseño, según corresponda
  • Esquema unifilar definitivo (no el inicial, el ejecutado)
  • Plano de luminarias con dirección DALI de cada elemento
  • Plano de tomas de techo y suelo técnico
  • Certificado de instalación eléctrica (boletín) y certificados de las protecciones contra incendios asociadas
  • Acta de inspección OCA
  • Mediciones de resistencia de tierra y aislamiento
  • Programación inicial del sistema DALI (escenas guardadas)

Esta carpeta, bien archivada en digital y en papel, vale oro cuando llega la siguiente reforma o cuando un nuevo conservador entra al equipo. Y vale oro, también, cuando un seguro pide acreditar el estado de la red ante un siniestro. Por eso insistimos a nuestros clientes en que el cierre del proyecto no es la entrega de llaves: es la entrega de la documentación firmada y completa.

Volviendo al caso de la galería de Salamanca con la que abríamos: la solución pasó por desdoblar el cuadro, separar definitivamente la sala expositiva de las zonas comunes, instalar diferenciales superinmunizados tipo A y reprogramar las escenas DALI con drivers compatibles. La obra en papel japonés se trasladó a una sala con iluminación recalibrada y los daños se estabilizaron. Cinco años después, el sistema sigue funcionando sin que hayan necesitado tocar el cuadro. Esa es la diferencia entre cablear y diseñar.

Carlos Méndez lleva 11 años especializándose en aerotermia y climatización eficiente, aunque su fascinación por las bombas de calor comenzó durante una ola de frío: en 2012, mientras cursaba Ingeniería Industrial en la Universidad de Sevilla, diseñó como proyecto de curso un sistema de aerotermia para climatizar la biblioteca de su residencia. El sistema alcanzó un COP de 4,2 con temperaturas exteriores de -3°C, superando las expectativas del profesorado. Después de graduarse, completó un Máster en Eficiencia Energética en Edificación por la Universidad de Zaragoza (2015), especializándose en sistemas de climatización de bajo consumo y certificación energética. En Zinergyx desde 2017, Carlos lidera instalaciones de aerotermia y suelo radiante. Su mayor logro fue sustituir en 2020 una caldera de gasoil en una vivienda unifamiliar de 220m² por aerotermia, reduciendo el consumo anual de 3.200€ a 780€ (75% de ahorro) y eliminando 4,8 toneladas de CO₂ anuales. Colabora con fabricantes europeos probando nuevos modelos de bombas de calor en condiciones climáticas extremas. Rechaza instalaciones de aerotermia en viviendas mal aisladas: "Una bomba de calor no compensa un edificio que pierde energía por todas partes". Cuando no está calculando saltos térmicos, Carlos practica senderismo en Sierra Nevada y fotografía paisajes invernales. Vive en Sevilla y es fan confeso de la domótica: "Si mi casa no puede regularse desde el móvil, algo he hecho mal". Contacto: carlos@zinergyx.es

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